Irene y sus Amores

Lesbilove


Para salirme un poco de lo emo del post anterior pero quedarme en lo de las primeras veces les hablaré de mi mujer favorita.

La conocí por Internet, en unas fotos de un amigo que teníamos en común, la calentura me entró al instante no lo negaré, y es que para decirlo en buen chilensis: puta la mina rica hueón.

Pelo teñido rojo, curvilínea, tatuajes y piercings, es decir, yo solo rogaba porque tuviera cerebro y no fuera la típica mujer que hace todas esas cosas por moda, además claro rogaba por que fuera bi, lesbiana o al menos volteable.

Para mi suerte, era inteligente, teníamos en común muchísimo, desde nuestra depresión hasta nuestros gustos de vestir, pronto comencé a jotearmela sin descaro alguno, le tiraba los calzones poco menos con mensajitos de que quería puro violarmela.

Y me resultó (admito que tengo muchísima suerte a la hora de conquistar) así que decidimos salir de nuestro coqueteo mutuo por internet e ir a conocernos, me fue a buscar a la salida del colegio, yo le chamullé a madre histérica que me habían invitado a comer unas compañeras y salí rauda a su encuentro. Al parecer se esmeró mucho en su imagen pues estaba hermosa, y yo ahí, con mi uniforme que es más feo que cuasimodo. 

Habían a su alrededor como 5 colillas, osea que estaba nerviosa y que además me dio ganas de fumar, pero reprimí el impulso de pedirle uno y le hablé, realmente era como decía ser, nos entretuvimos mucho conversando y jugando a comer (aunque en esa época yo no quería comer y ella también tenía su trastorno) luego de que nos dimos cuenta de que ya no comeríamos y que lo único que queriamos comer eramos nosotras mismas salimos del restaurante hacía una plaza en la que nos tendimos muy cerca una de la otra, yo sentía su respiración en mi cuello pues era más baja que yo mientras la miraba a sus grandes y hermosos ojos.

-Me gustan tus ojos, como que sonríen-dije suavecito, con miedo a romper el momento

-Es que estoy feliz Irene- me dijo en un tono más normal pero agitado

Bajé mi cara hacia la suya lentamente, acercando mis labios entreabiertos a los suyos, mis latidos aumentando, mis mejillas sonrojadas, tomé su rostro entre mis manos y la besé, ignorando la gente que pasaba, ignorando la hora que corría y los silbidos molestos de un constructor homofóbico a la lejanía. De suaves y lentos nuestros besos pasaron a ser más fuertes y apasionados, sentía los latidos de ella mientras apretaba sus suaves pechos contra mí y jugueteaba con mi pelo, tenía un olor dulce y un sabor a chocolate en los labios mezclado con el sabor a cigarrillo de su boca; luego con nuestras caras ardiendo nos separamos, vi la hora y comprendí que debía volver a casa, mi madre es muy controladora al contrario de la suya.

Tomamos la misma micro pues vivíamos cerca, nos fuimos de la mano besándonos coquetamente las orejas, el cuello, las mejillas, resguardadas en el ultimo asiento de las miradas indiscretas, mientras ella me decía que yo le gustaba mucho una y otra vez, yo jugueteaba mordiendo sus labios y pasando mis manos por su cintura y espalda debajo de su blusa pero cuidando los limites de una "primera cita"

Llegué a mi casa y me acosté sintiéndome genial, mi corazón seguía agitado y fantaseé largo rato con que estaba con ella, tocándola, tocándome.

Seguimos viendonos furtivamente en lugares públicos pues nuestras madres eran ambas contrarias a la homosexualidad y aún más a la bisexualidad, hasta que un día la suerte jugó a nuestro favor, su casa vacía y mi madre fuera de la ciudad.

Nos reunimos sabiendo perfectamente que queríamos hacer y cuanto lo habiamos esperado, apenas cerró la puerta se lanzó hacia mí rodeandome con sus piernas y yo la recibí con un beso que declaraba todas mis intenciones.

Llegamos a su sillón pero se nos hizo chico el espacio y terminamos en la suave alfombra que seguro su madre nunca imaginó para que serviría cuando la compró. Le quité la blusa sin dejar de besarla y dejé que ella hiciera lo mismo con mayor dificultad ya que estaba masajeando sus senos, ella estaba muy exitada y me presionaba con sus manos a que no dejara de hacerlo, tomé sus dos brazos y los inmovilicé con una mano, con una sensual brutalidad mientras con la otra soltaba su sostén; sin dejar de sostenerla contra la alfombra comencé a juguetear con uno de sus pezones dandole apretoncitos mientras el otro lo lamía con la punta de mi lengua, tratando de ser suave casi provocando cosquillas y luego chupandole sin dejar de estimular su otro seno con mi mano.

Ella ya había comenzado a gemir suavemente y decidí que podía seguir toda mi travesía por su cuerpo y ella no me detendría, solté sus brazos y comencé a decender besando y lamiendo su piel hasta llegar a su pantalón donde le dediqué una mirada de cortesía a la cual ella respondió desabrochandolo, llevaba ropa interior muy bonita de encaje negro la cual le quité junto con el pantalón dejándola completamente desnuda frente a mí. Comencé a besar las cercanías a su vulva acariciando sus piernas y deteniéndome en cada tatuaje, ella ya estaba lubricada y su respiración era tan fuerte que la hacía temblar así que comencé a jugar con su clítoris, dando pequeños apretoncitos, danzando con mis dedos tal como me entregaba placer a mi misma, ella gemía más fuerte y despacio introduje dos dedos en ella, con cuidado observando su expresión para cuidar de no incomodarla, al solo recibir miradas de placer introduje un tercer dedo y comencé a masturbarla primero despacio, luego con mayor rapidez y ella seguía mojándose, hasta que solo con un dedo masajeaba su clítoris y comencé a lamerla con suavidad, siempre con la punta para no causar incomodidad y luego me di libertad de acción mientras ella solo me jalaba el pelo y gemía.

Decidí cambiar de posición y crucé mis piernas con las de ella, nuestras vaginas tocándose, frotándonos, dándonos placer mutuamente, ella supo hacerlo muy bien y yo estaba muy excitada así que la dejé dominarme, me dejó desnuda, con una mano estimulaba mi clítoris mientras con la otra jugaba con mis pequeños senos, comenzó a ser ruda y me metía sus dedos con rapidez, entraban y salían de mi vagina y yo sabía que los tenía mojados, impregnados de mí, pareció leer mis pensamientos, se levantó y sensualmente se chupó los dedos con una mirada que me hacía querer apretarla contra mí y no soltarla más, pero parecía exhausta y se tendió a mi lado, decidí hacer el 69 con ella y así logré que llegara al orgasmo, gritó del placer y se aferró con fuerza a mi, dejó de lamerme y me volví, la abracé mientras nos acariciábamos suavemente, ya somnolientas.

No podría decir cuanto dormimos pero despertamos con el sonido de su reja y ella abrió sus ojos con desesperación, yo que ya tenía experiencia en esas situaciones cogí mi ropa y subí a su dormitorio, mientras ella se metía al baño. La oí salir después de unos minutos y entendí que su hermana había llegado, luego subió y me dijo que no había peligro.

Se subió a la cama y admiró un rato mi cuerpo, luego comenzó lentamente a quitarse la ropa frente  a mí, olvidando sus tapujos;desnuda comenzó a desnudarme cada prenda un beso y luego me cogió la mano y me dirigió al baño de su dormitorio. Su familia era de bastante dinero y tenía una tina propia, la cual comenzó a llenar, luego cerró la puerta con llave y me puso frente al espejo, comenzó a jugar con mis pezones mientras me dirigía una mirada descarada por el espejo, comprendí su juego y me puse detrás de ella, tocándome mientras la masturbaba con suavidad.

La tina se llenó y nos sumergimos ambas allí, ella comenzó a pasar el jabón por mi cuerpo, era algo tierno y sensual a la vez, nos besamos mientras nos lavamos mutuamente, dejando nuestra pasión aplacada por el momento y entregándonos a la ternura que significa estar con alguien.

Nos dejamos de ver porque conocí a una de mis perdiciones, y dejé de dedicarle tiempo, terminé con ella antes de serle infiel y terminó odiándome.

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