Irene y sus Amores

Especial Profesores.

*Nota: Pido al lector no se alarme con las edades estimativas de los protagonistas de  estas historias, la narradora tiene suficiente consciencia para decidir y no ser influenciable.

Debo reconocer que siempre me han gustado las personas mayores, no podría decir si es por madurez, experiencia o simplemente coincidencia, pero es un patrón constante en mis relaciones. Y hoy, además noté que tenía tres historias que se unían por algo más que por edad.

El primero, mi profesor de inglés, estaba haciendo la practica así que debió tener 23 años aprox. a penas llegó me gustó, y también a muchas compañeras (y compañeros). A pesar de mi costumbre de huir de clases, me las arreglé para asistir a las suyas, y me hice notar clase tras clase, llegaba tarde, preguntaba cosas que sabía (se inglés muy bien) bromeaba con el y la profesora tutora, hasta que logré empezar a hablar con el por facebook.

Era un adolescente aún, mismas fiestas, un poco inmaduro, teníamos amigos en común y gustos en común, por lo que se me hizo muy fácil llegar a el; llegó a tanto nuestra confianza que el me daba respuestas en las pruebas (e incluso respondía por mí) solo porque yo me dormía en ellas, mientras que yo le regalaba cigarrillos cuando a el le faltaban.

Pronto me comenzó a escribir declaraciones como "si no fuera porque me pueden echar te hubiera tenido en mis brazos toda la clase" "quiero decirte cosas pero me podrían traer problemas" y luego "hoy tuvimos la excusa perfecta para abrazarnos" "sentarte en mis piernas fue lo más atrevido que pudiste hacer, pero aún así me encantó" y "a penas termine podré al fin besarte"  a las cuales yo correspondía y me encantaba el hecho de lo prohibido de nuestro amorío.

Al fin llegó el día, me invitó a una fiesta, y luego de alcohol y marihuana me sentía bastante ida, por lo que salí a tomar aire, ocasión que el aprovechó para salir y encontrarnos a solas. No coqueteamos, hablamos, ni nos miramos. Solo nos besamos apasionadamente, mi pierna entre las suyas, su mano en mi trasero, las mías en su pelo... la cocina hubiera sido testigo de una clase magistral, de no ser por un chico de mi clase que apareció por lo cual tuvimos que separarnos rápidamente. Luego, cuando ya no era más mi profesor, perdió el encanto, y dejamos de vernos.

El segundo, profesor de lenguaje, no daré demasiada información al respecto por razones obvias, pero también es joven (27 aprox.) primera clase nos odiamos a muerte, el hacía bromas de mí, yo respondía con sarcasmos todas sus preguntas, pero luego entendimos que nuestro humor era el mismo  y nos llevamos bien, como soy buena en lenguaje dejé de ser alumna y pasé a ser su "ayudante".Cada vez asistían menos alumnos a clase y comenzamos a quedarnos solos clases enteras. Ambos sabíamos que nos coqueteábamos y lo que queríamos hacer, así que nos acercamos poco a poco, rozando nuestras mejillas, tocando nuestras narices, su respiración cosquilleaba en mis labios los cuales rozaron los suyos para recibir un fuerte beso; estábamos nerviosos, sabíamos que podrían abrir la puerta y descubrirnos, temblábamos y sus manos ansiosas pasaban por mi espalda, me quitó la camisa y le quité la suya, me sentó en la mesa del profesor, nuestras respiraciones se hacían cada vez más agitadas, me dejé caer sobre el con las piernas abiertas, sintiendo como su paquete comenzaba a crecer bajo mi pantalón, disfrutando nuestros movimientos a quemarropa, hasta ser advertidos de el termino de la clase por el timbre. Excitados y nerviosos cometimos una equivocación que pudo ser fatal, nuestras camisas se confundieron y bajamos así, hasta que la mirada pronunciada de un profesor amigo nos advirtió del peligro.

Pero eso no fue todo, mi relación con el es algo que sigue presente, y hemos tenido ya varios encuentros, de los cuales rescato otro que sucedió en el aula.

Otra clase a la que nadie asistió, nos sonreímos al saber que tendríamos tiempo a solas nuevamente, el hecho de estar en la sala era muy excitante y ser descubiertos un plus. Como el aula tenía muchas ventanas, nuestro escenario fue el suelo, sobre una colchoneta, primero besos dulces, como probando, luego el sobre mi, mis pechos aplastados bajo su peso, sus verdes ojos llenos de lujuria, mientras sus dedos viajaban hasta mis pantaletas. Su lengua paseaba por mi cuello y mis pantaletas ya estaban mojadas, lo cual pareció excitarlo más aún pues sentí su pene exigiendo liberación contra mi, mis manos bajaron para desabrochar su pantalón mientras el ya me había quitado la blusa y jugaba con mis pezones. Pero otra vez fuimos interrumpidos, esta vez escuchamos a un funcionario pasar por fuera de la sala lo cual nos alarmó, yo me puse mi blusa y el profesor se sentó donde se suponía debería dictar clase.

Me miró y me dijo: No fue buena idea usar pantalones tan ajustados.

El tercero, el más reciente y perturbador de todos.

Mi profesor de filosofía ( 30-40 aprox), también deseado por las alumnas, pero al contrario de el de inglés a mi nunca me había llamado la atención.

En cierto momento comencé a notarlo cercano, más bromas, más personal, tenía tratos especiales hacía mi los cuales comprobé teniendo un mal comportamiento al cual el se demostraba ajeno. Me quise aprovechar de esta situación para que me ayudara con un trabajo, así que llegué coqueta a solicitar el favor; el me miró, despachó  a mis compañeros que tenian consultas, diciendo:

-Primero terminaré con Irene.

Lo miré divertida por la doble interpretación, a lo cual respondió:

-Bueno creo que para eso deberiamos empezar, y lamentablemente no hemos empezado. Tu sabes Irene, estos problemas de edad.

-Son terribles X.

El reaccionó aturdido al oírme tutearlo.

Yo solo reí, y el comenzó a revisar el trabajo:

-Irene esto está genial, tienes una gran habilidad.

-Es que tengo dedos rápidos, así que los acabo rápido-dije sonriendo a cada palabra, observando como reaccionaba al doble sentido.

Luego de revisar el trabajo y ponerme la nota máxima, ya le había tomado gusto al juego por lo que me fui a sentarme con el al fondo de la sala para ver una presentación, ahí a espaldas de mis compañeros, aproveché de comportarme sarcástica para probar su paciencia pero el solo me miraba con una expresión confundida. De pronto una escena de Lolita (Vladimir Nabokov) apareció en la presentación, mi profesor me miró y dijo: 

-Tienes los mismos moños que Lolita- tomando uno de ellos con cuidado, acariciándolo, lo cual me hizo acelerar el corazón, me acerqué a el disimuladamente y posé mi mano en su pierna a la vez que balbuceaba que no se parecían.

El contacto de mi mano en su pierna fue como una descarga, su mano en mi moño paró de moverse y me miró como suplicante.

Le sonreí, y con toda intención apreté su pierna antes de quitar la mano, el tiró de mi moño y también quitó la suya a unos minutos de que terminara la clase; luego, la sala estaba vacía, solo quedábamos nosotros y yo sabía que si quería podría besarle ahí mismo, pero aún no estaba segura de que tanto me interesaba así que en cambio me acerqué a el y besé su comisura con lentitud pero delicadamente, el entreabrió los labios, pero yo me quité, le guiñé un ojo y me fui.

Esta última historia aún no tiene fin, pero el destino juega con nosotros.

Hace un par de días caminaba por la calle, con moños nuevamente, un vestido cortito, zapatillas y calcetas blancas, toda una lolita, y nos encontramos, su saludo fue una expresión sorprendida, mientras me susurraba "Irene" a lo cual yo sonreí y me fui.

*Recomiendo al lector, leer Lolita.


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